Hoy vuelvo a dirigirme directamente a todos vosotros en prosa para agradecer a tres maravillosas bloggers el premio "Dardo de oro" que me han concedido. Mi más sincera gratitud a Patokata (cuyo blog http://mismusaslocas.blogspot.com/ no debéis dejar de visitar), a Pamela Janet (que vuelca todo su arte poético en http://pamelapoemas.blogspot.com/) y a Lucy Veras (que llena el mundo de poesía desde su http://paginaenblanco.blogspot.com/).
No quiero ser injusta con los estupendos blogs que leo y que me leen, por ello voy a colgar este premio para que aquel que quiera lo recoja, pues todos os lo merecéis. En la próxima semana este blog volverá a su actividad normal después de un pequeño abandono por motivos escolares (exámenes de mayo, Selectividad y un largo etcétera) así que, pido disculpas por mi ausencia tanto como escritora y lectora. Un fuerte abrazo.
Saca la ropa vieja del armario, sin conciencia de aquel tiempo presente que hoy se convirtió en pasado. Abre tu ventana, pinta las paredes grises de la historia de aquel blanco inmaculado que reside en tu memoria, de un ecuerdo ya lejano...
¿No es estúpido el deseo infantil que nos recorre a edades tempranas, tiernas, por ver cabalgar el tiempo?
Otea antiguos horizontes, respira el aire de invierno, del chocolate caliente, la carroza d los reyes... Muéstrate el camino ya pisado y grítate a ti mismo y en silencio cómo a pesar de ser joven ya te estás haciendo viejo.
Oculta en el fondo de mi vaso se posa entre los posos sin pensarlo, desconociendo que es mía. Nos topamos sin querer hacernos caso, mas la reconozco al instante: es mi propia cobardía... (Intento obviarla y, sin embargo, la consumo cada día...)
No quiero ser un camino aasfaltar entre la flor inolora del olvido y el tallo cruel de soledad, ni que mi llanto esparza con mimo elementos de mi alma, lágrimas de cocodrilo que los pueda alimentar. Mas soy los pétalos que se deshojan en esta flor marchita y achacosa que hoy es mi corazón. Necesito agua del manantial azul que mana de tu rosto y tu mirada, al igual que necesito la luz procedente del brillo que ayer irradiaba la impiedad de un triste sol... Las raíces de este suelo me clavan a ti. Hoy sólo busco una mano que me arranque de la tierra del dolor... y me regale.
A veces, el corazón humano no está preparado para sobrellevar la incertidumbre, cuando se es joven. La juventud y la ambición por querer saberlo todo están intímamente ligadas por una sensación indestructible: la impaciencia. Ella domina tus movimientos, haciendo rebelde al corazón más inocente, convirtiendo en impulso lo encauzado, lo meditado, lo inteligente. En defenitiva, es la gobernante de tus obras y la vigilante de tus horas. No tiene sentido que alguien como yo, cuya naturaleza ha sido siempre la del despreocupado ganador que nunca pierde, diga esto. Mi corazón ha tendido (desde que recuerdo) a construir certezas en los cimientos de las dudas y ha actuado con determinación cuando todo era una locura suspendida en el aire irrespirable. Sin embargo, a pesar de que hoy intente discernir mientras la juventud me come el alma y la fuerza de voluntad para esperar, es imposible que exista coalición alguna entre cabeza y corazón, pues simplemente hay incertidumbres que escapan a cualquier forma de conocimiento e intuición... No sé si te encuentras al otro lado, en el Párnaso de los besos y la ternura o si, por el contrario, debo aguardarte en este tramo de la orilla donde cogerse de la mano implica soportar lo que nos venga sin reparar en el peso de nuestras espaldas. Las carcajadas del destino resuenan, probablemente, más cerca de lo que imagino. Mas hoy necesito de una verdad absoluta e incontestable. Forjar el camino a base de pasos firmes, seguros e irreversibles, o borrar las huellas de las zancadas irreverentes del pasado. Todo o nada. El poder o el exilio. Mi verdad reside en la incertidumbre de tu corazón, que ya es el mío.